Lo que Dios nos enseña a través del sufrimiento

En menos de un año mi esposo y yo perdimos a dos bebés. Nunca me hubiera imaginado pasar por esto hace unos años, ya que nuestro único hijo tuvo muchas complicaciones en su primer añito. Primero fue sometido a una operación de corazón abierto, luego a otra operación meses después y, por último, a un virus que casi le quita la vida.

En ese entonces pensé que eso era sufrimiento suficiente. Pero después de las dos pérdidas que vinieron después, las palabras de Pablo se volvieron más reales que nunca para nosotros: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch 14:22).

Las tribulaciones temporales no son coincidencias en nuestras vidas. Es con esto en mente que quisiera compartir contigo tres verdades —muy relacionadas entre sí— sobre el sufrimiento en la vida cristiana y que han sido cruciales para mí:

1. En el sufrimiento aprendemos a estar completos en Dios

Si es necesario sufrir, ¿cuál es el beneficio? Que seamos completos en Dios bajo su perfecta voluntad y nada nos falte (Stg 1:3-4). En medio de las aflicciones, Dios generosamente abre nuestros ojos a nuestro estado pecaminoso y a reconocer cuánto dependemos de Él. Por lo tanto, este proceso nos santifica permitiéndonos entender más esta realidad: Que “de Él, por Él y para Él son todas las cosas”, aun el sufrimiento (Ro 11:36). Por eso los creyentes, al final de los momentos de dolor, nos encontramos más maduros en la fe. Dios diseña las pruebas para cultivar nuestro caminar. Esta es una preciosa demostración de su amor y misericordia hacia nosotros.

Sin las tribulaciones caemos fácilmente en la trampa de creer que “todo lo podemos”, cuando el único que todo lo puede es Dios 

Sin las tribulaciones caemos fácilmente en la trampa de creer que “todo lo podemos”, cuando el único que todo lo puede es Dios. Te comparto esta verdad porque la he vivido. Sentada en una sala de espera, yo no tenía control de nada con respecto a la salud de mi hijo. Contaba los minutos esperando que un doctor me comunicara si mi hijo viviría o no. Los doctores son solo un instrumento, las medicinas una esperanza y el café frío en mi mano solo es una distracción, ¿pero Dios? Él es una realidad y roca firme que nunca nos falta.

2. En el sufrimiento recibimos el consuelo de Dios

En nuestra segunda pérdida como familia, pudimos hacer lo mismo que el salmista para llenarnos de esperanza para el futuro: “Me acordaré de las obras del SEÑOR; ciertamente me acordaré de Tus maravillas antiguas” (Sal 77:11). Dios trajo a memoria su bondad a nuestra vida y aprendimos que Él sostiene nuestro corazón imperfecto (2 Co 12:7-10).

Solo la realidad de que Dios cuida nuestra alma de camino al cielo es consuelo suficiente. La consolación en Cristo no espera hasta después del sufrimiento. Por eso Él rogó al Padre por un Consolador que está siempre con nosotros (Jn 14:16).

La oscuridad no es permanente. Dios, nuestro Padre, es nuestro gran consuelo en todas nuestras tribulaciones

Dios también nos muestra su consuelo a través de nuestros hermanos. Mientras sufrimos las pérdidas de los dos bebés, por la gracia de Dios recibimos comida, ayuda doméstica y muchas oraciones. Pero después de que se calma la marea y todo vuelve a la nueva normalidad, podemos quedar con inquietudes. ¡Aquí brilla la buena noticia de que no quedamos huérfanos! No tenemos que escondernos en nuestro sufrimiento para siempre. La oscuridad no es permanente. Dios, nuestro Padre, es nuestro gran consuelo en todas nuestras tribulaciones mientras esperamos la segunda venida de Cristo (2 Co 1:3-4).

3. En el sufrimiento podemos deleitarnos en Dios 

Todo creyente ha sufrido, está sufriendo o sufrirá hasta que el Señor regrese. Esto no suena agradable, pero hemos visto que no es solamente necesario, sino que también es algo que Dios obra para nuestro bien (Ro 8:28). Por lo tanto, podemos crecer espiritualmente en medio del dolor y esto es un motivo para deleitarnos en Dios con gratitud.

Los cristianos sufrimos para la purificación de nuestra fe y alabanza de Jesucristo (1 Pe 1:7-11). Sufrimos para ser santificados y traer gloria a Dios deleitándonos en Él. Así que, hermano o hermana que lees esto, espero que puedas meditar en este texto con una nueva perspectiva: “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas” (Stg 1:2). Estas pruebas son usadas por Dios para ayudarnos a perdurar en la fe hasta que Su reino venga.

Fuente: Coalición por el Evangelio

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