Cristo nos cuida diariamente

Uno de los pasajes más conocidos y memorizados del libro de Isaías se encuentra en el capítulo 43, y dice lo siguiente:  

«Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, 

Y si por los ríos, no te cubrirán. 

Cuando pases por el fuego, no te quemarás, 

Ni la llama te abrasará» (v. 2). 

Al mismo tiempo, lamentablemente, también es uno de los más malinterpretados. No obstante, eso no debe crear en nosotras prejuicio, para nada, porque se trata de la Palabra de Dios. ¡Al contrario! Debemos ser diligentes en comprenderlo en su contexto y a la luz de todo el mensaje de la Escritura.  

Este versículo de Isaías contiene una hermosa promesa hecha por Dios a Su pueblo. Si fuésemos a resumirlo en una frase, pudiera ser esta: Dios nos cuida. El pasaje asegura el cuidado de Dios en situaciones difíciles, casi imposibles: ríos que pudieran ahogar, fuego que puede quemar y destruir. Claro que Isaías está usando metáforas, porque es evidente que, si uno cruza un río, y no nada o no va en algún tipo de bote o equipo salvavidas, se ahoga. Y si hay un incendio, y te metes en el fuego, te quema. ¡A menos que ocurra un milagro! ¿Quiere decir entonces este pasaje que podemos lanzarnos a un río sin saber nadar o meternos en un edificio en llamas porque tenemos esta promesa de parte de Dios? Eso sería una locura, en primera lugar; y una interpretación errónea, en segundo. Eso no es lo que Dios está diciendo.  

Hay una palabra clave que no podemos pasar por alto, ¿sabes cuál es? Cuando. Eso nos habla de un algo que ocurrirá, no de una posibilidad remota sino de una realidad. Al pueblo que Él ha redimido, al pueblo que Él ha creado y formado, al pueblo por el cual lo dio todo (ver Isaías 43:1), nuestro Dios le está diciendo: «cuando llegue el momento difícil, cuando las circunstancias que te rodean parezcan ahogarte o destruirte, o incluso si eso sucediera, ¡Yo estaré contigo!»  

La tentación al leer pasajes como este es creer que a nosotros los cristianos nunca nos tocarán cosas difíciles, que estamos de alguna manera exentos del dolor más profundo. ¡Pero no es así! Esa es una promesa que la Biblia no hace, y debemos tener cuidado de no creer una falsedad.  

Dado lo que hemos vivido en 2020 me atrevo a decir que este es un mensaje muy oportuno. Si ponemos nuestros ojos en la prensa, o si dejamos que nuestra imaginación cobre alas, es muy probable que suframos un ataque de pánico, o por lo menos que nos inunde la ansiedad. Y, déjame confesarte que eso pudiera suceder a cualquiera de nosotras. Tenemos que reconocer que tenemos un enemigo que anda buscando a quién devorar y nuestra mente es un campo fértil si le seguimos el juego. Sin embargo, ¿qué nos está diciendo Dios en este pasaje? Pueblo mío, no importa la situación que acontezca, yo estaré a tu lado, yo estaré contigo 

Hermana, ¿lo creemos, de verdad? ¿De verdad creemos que podemos estar tranquilas, sea lo que sea, porque Dios nos ha prometido su cuidado y su presencia? De hecho, si nos vamos al Nuevo Testamento, Jesús nos repite estas palabras: «…y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).  

¿Sabes?, para Dios este cuerpo mortal y su bienestar no son una prioridad, por decirlo de alguna manera. Su meta es llevarnos a la imagen de Cristo, que seamos cada vez más como Él, ¡porque para eso nos hizo su pueblo! (Romanos 8:29). Y, si seguimos por esa línea de pensamiento, llegar a ser como Cristo requiere que atravesemos momentos difíciles, dolorosos, incomprensibles, ¡Él los vivió también! El Dios perfecto se sometió a un mundo imperfecto. El que no tenía culpa, se hizo culpable y sufrió dolor, azotes, maltratos y lo peor de todo, ¡la muerte! ¿Para qué? Para redimirnos, para reconciliarnos, pero también para que mientras estemos de este lado de la eternidad tú y yo podamos clamar a Él sabiendo que nos entiende y que sabe lo que estamos sufriendo, ¡porque Él lo experimentó! (ver Hebreos 4:14-16) 

En este capítulo de Isaías, en los versículos 3-6, Dios les habla de lo que ha hecho para redimirlos; y si Él ha hecho TODO por redimirnos, como también nos enseña el libro de Efesios, por ejemplo; si Dios ya lo hizo todo, al darnos a Jesús, ¡claro entonces que podemos confiar en Su cuidado, y en Su perfecta voluntad! Cristo confió en el Padre en su hora más oscura y difícil, nosotras podemos hacer lo mismo a través de Él.  

Hermana, Dios nos cuida no porque lo merezcamos, no porque hagamos cosas buenas, nos cuida porque somos Su pueblo y Él es fiel a Sus promesas. La promesa es su presencia continua, la promesa es guardar nuestra alma hasta la eternidad.  

Tú y yo estamos viviendo en espera de que llegue la nueva creación. Ahora mismo no podemos disfrutar de todos los beneficios que la obra de Cristo en la cruz hizo posible. Un día sí será así para siempre, como nos revela Ap. 21:1-5. Pero aquí y ahora podemos vivir con esta certeza y esperanza. Podemos confiar en que Dios cuida de Su pueblo 

Fuente: Somos Soldados

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