Destruir los hábitos que nos alejan de Dios

La historia de Adán y Eva es una de las bases de la vida cristiana. A partir de este relato conocemos cómo podríamos alejarnos de Dios. Esta separación no proviene de alguna acción Suya, sino que es solamente el resultado de nuestra propia desobediencia. Adán y Evan se perdieron al empezar a confiar en sus propias determinaciones, despreciando la voluntad de Dios, que es lo mismo que apartarse de Él. Y es que pusieron sus propios deseos por encima del plan que Dios tenía para ellos. Ellos mismos se separaron de Dios, sometiéndose al sufrimiento, el sacrificio y la muerte. También nosotros tenemos la tendencia a actuar según nuestro propio beneficio, encaminándonos al pecado. El pecado no representa la vulneración de alguna ley, simplemente se trata de una relación con Dios en la que no hay amor.

Cuando conoces y amas a Dios, buscas cómo cumplir con Su voluntad. Cuando te amas a ti mismo más que a Dios, debido a todas tus dudas y temores, no haces sino realizar por completo el deseo de maximizar tu propia satisfacción. La pregunta que debemos respondernos es: “¿Cómo podemos recuperar el estado anterior a la caída de Adán y Eva, cuando vivían una vida pura, en comunión con Dios, y siempre buscando cumplir con Su voluntad?”

La respuesta es: “¡Hay que purificar el corazón!”. Es la misma enseñanza que Cristo nos dejó con Su prédica en el Monte, al decir: “Los puros de corazón verán a Dios.

El hombre debe adquirir la pureza espiritual, es decir, la sinceridad, la honestidad, el altruismo, la humildad, la bondad, la paciencia y la abnegación. Así, el hombre se hace uno y el mismo con Dios, y la Gracia Divina viene a morar en su interior. Cuando el hombre tiene pureza de cuerpo, pero le falta la pureza espiritual, Dios no mora en él, porque sabe que el individuo conserva en su interior la astucia, el orgullo, la maldad, etc. Entonces, la vida de este hombre es un engaño. Por eso, debe empezar a luchar por alcanzar la pureza espiritual.

Esto requiere de una verdadera contrición, sumado a purificar la mente y una auto-disciplina, de tal modo que tu vida cambie en realidad. Somos seres humanos y nuestra lucha consiste en vencer esos malos impulsos.

Primero debes tener mucha templanza, de manera que puedas destruir por completo cualquier hábito pernicioso. Al igual que un pequeño tallo da lugar a que crezca una extensa enredadera junto a la fuente, así también cada pasión forma una planta en el corazón, de la cual luego te resultará difícil librarte. Se necesita de mucha humildad y sobriedad, si quieres vencer.

Cada período de ayuno es una ocasión especial, en la Iglesia, para examinarnos y arrepentirnos. Es un tiempo en el que, uniendo la moderación a la oración, podemos reconocer nuestras pasiones, esas que nos mantienen lejos de Dios. Una vez identificadas, podemos buscar el valor para corregirnos y vencerlas, con la ayuda de la Gracia. A medida que nos arrepintamos, obtendremos también la Gracia Santa, auxiliados por Dios, para vencer todas nuestras pasiones. La austeridad nos brinda humildad y auto-disciplina…

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