Inculcar valores cristianos a nuestros hijos

En el oxígeno cristiano del hogar es donde los hijos se vuelven cristianos. Por eso, es necesario que los padres vivan la fe católica, conozcan la doctrina cristiana, frecuenten los sacramentos, lean con los hijos la Palabra de Dios, cultiven la moral católica y recen con los hijos en casa.

San Pablo dijo a los romanos que “la fe viene de la predicación”. “¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?” (Rm 10, 14.17).

Es oyendo las enseñanzas cristianas de los padres que los hijos se van adoctrinando en la fe.

Es en los brazos de la madre y el padre que los hijos aprenden a creer en Dios, respetar todo lo que es sagrado, rezar el Rosario, amar a la Virgen, a los ángeles y a los santos.

Es con los padres que los hijos deben aprender la verdad de nuestra fe, el Credo, los siete sacramentos, los diez mandamientos y la manera correcta de vivir la vida como cristianos.

Don Bosco decía que educar a los hijos es “formar buenos cristianos y ciudadanos honestos”. No siempre la escuela ofrece a los niños una educación moral correcta.

Nos estremecemos cuando leemos que los gobernantes quieren introducir en las escuelas enseñanzas morales que contradicen la fe católica, por ejemplo, sobre temas sexuales, castidad y pudor.

Es una tristeza saber que en algunas escuelas se les enseña a los jóvenes a usar preservativos y hasta en algunas colocan máquinas para distribuirlas, fomentando la promiscuidad y la vivencia sexual fuera del plan de Dios.

Es por eso que los padres necesitan estar muy atentos sobre todo lo que sus hijos están aprendiendo y viendo en las escuelas de hoy. Existen folletos sobre “educación sexual” en algunas escuelas públicas que son verdaderas aberraciones.

Pero para que los padres puedan transmitir a sus hijos una buena educación católica es necesario amarlos de todo corazón, pasar tiempo con ellos, renunciar a sus momentos de diversión para estar con ellos.

Sin eso, no es posible conquistarlos y educarlos como deben. Sin conquistarlos, no es posible hablar de cosas de Dios que resulten convincentes para ellos y que las acepten.

El hijo que no quiere a su padre, porque es maltratado por él, humillado por él, no puede aprender a amar a Dios con él. El padre de la tierra es la primera noción que el hijo tiene del Padre del cielo.

En los momentos de convivencia, a la hora de comer, de merendar, en las charlas en los paseos, los padres deben aprovechar para ir moldeando la fe y el comportamiento de sus hijos según la fe de la Iglesia.

Los padres son lo que deben enseñar a los hijos las buenas maneras, el respeto a cada persona, especialmente con los ancianos, discapacitados y pobres.

Es en el hogar que el niño necesita aprender con los padres lo que es el carácter, la honradez, la justicia, el amor, la pureza, la bondad, el desprendimiento, la humildad, a decir siempre la verdad, a trabajar.

En fin, el hogar debe ser la primera escuela de virtud y buenos valores. Dice el dicho, sabiamente, que “hijo de tigre, pintito”.

El libro del Eclesiástico, en el capítulo 30, dice que los padres deben educar a los hijos. “El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará” (v.2). “Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino” (v.8). “No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores” (v.11).

Los educadores son unánimes en decir que la gente educa a los hijos mucho más por el ejemplo que por las palabras. Entonces, los padres deben tener todo el cuidado con su comportamiento frente a los hijos.

Si el padre miente, el hijo aprenderá a mentir; si el padre dice palabrotas, el hijo las repetirá, si la madre es perezosa y descuidada, la hija la imitará, si los padres rezan, los hijos rezarán, naturalmente, sin dificultad.

Ahí radica la importancia que tiene la familia en la formación del niño. Y qué decir de los muchos niños que no tienen un padre a su lado, porque éste abandonó a la madre… La base de todo es la familia. El hijo tiene el derecho de tener un padre, una madre, un hogar, ser amado y educado con todo amor.

Fuente: Aleteia

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