La voluntad de Dios debe ser aceptada y no cuestionada

Una de las cosas con las que más luchamos los seres humanos es con la voluntad de Dios. Uno, porque nos es difícil conocerla, si no leemos la Biblia. Dos, porque si la conocemos porque leemos la Biblia, no la creemos. Tres, aunque la conocemos y sabemos que está basada en la Biblia, no la aceptamos porque no está de acuerdo a lo que nosotros queremos diga y sea. Por lo tanto, la voluntad de Dios aunque sea agradable y perfecta, con mucha frecuencia la cuestionamos en vez de aceptarla y obedecerla con alegría. Y al no aceptarla ni obedecerla la estamos rechazando.

La voluntad de Dios se acepta, y se obedece no se cuestiona. La voluntad no es para entenderla y luego obedecerla, sino que se debe creer y obedecer aun cuando no la entienda. Muchos opinan que para obedecer lo que Dios nos manda, debemos entenderla. Pensar así es darle mayor autoridad a la razón que a Dios, pues estamos diciendo que la razón es quien determinará lo que es bueno o no. Si creemos y obedecemos la voluntad de Dios aunque no la entendemos es lo mejor que podemos hacer ya que esta es agradable y perfecta. La voluntad de Dios jamás está en contra de nuestro bien y el futuro perfecto que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Observe la perspectiva y la actitud que tenía Acab, rey de Israel sobre voluntad de Dios en 2 Reyes 18:3-7, le gustaba que le dijera solo las cosas buenas pero no las malas, por eso aborrecía al profeta de Jehová. El rey Acab quería que todos los profetas, siempre le anunciaran cosas buenas (v.12), pero la palabra de Dios siempre es buena porque él la da es bueno. El hecho de que esta no favorezca al deseo humano no significa que es mala (v.13). El profeta estaba seguro que lo que decía, que el rey junto con su pueblo caería en manos de los sirios era la verdad (v.27). El rey Acab, de enojado porque no le decía algo bueno, lo envió a la cárcel. Los vv. 32-34 confirman la voluntad de Dios, Israel fue derrotado y el rey Acab murió traspasado por un arco tirado a la ventura (v.33).

La voluntad de Dios no falla, siempre se cumple, porque quien la define y la promete no puede fallar porque es nuestro Dios perfecto. La voluntad de Dios no siempre es agradable a nuestras vidas, pero es lo mejor para nuestras vidas porque se rige al plan que Dios tiene para cada uno. La voluntad de Dios no siempre estará en perfecta resonancia o concordancia con nuestra voluntad, nuestros planes, nuestros sueños, y nuestros deseos. La voluntad de Dios está en perfecta concordancia con el plan perfecto que Dios ha establecido para cada uno de nosotros. De manera que, todo lo que nos sucede, todo lo que nos viene a la vida, todo lo que experimentamos cada día, que no es pecado o por causa de nuestros pecados, es voluntad de Dios quien está resuelto en llevarnos al cumplimiento de ese plan que tiene para cada uno.

Romanos 8:28 dice que todas las cosas nos ayudan a bien. Dos cosas, esto es a los que aman a Dios y a los que conforme a su voluntad son llamados. En otras palabras, todas las cosas que nos pasan a los cristianos que amamos, respetamos, obedecemos y que adoramos a Dios, nos ayudaran a bien, aunque sea una enfermedad, aunque sea una despedida del trabajo, aunque sea un desalojo de la casa, aunque sea un accidente de transido donde no somos los culpables, algo mejor viene para nuestra vida. Otra cosa es que lo que nos viene por por andar de chismoso, ladrón, borracho, mentiroso, fornicario, adultero, asesino, vicioso, etc. Jamás ayuda a bien lo que nos viene cuando desobedecemos a Dios, a quienes andan en cosas peligrosas, en lugares inadecuados, y con las personas no indicadas. Lo que recibirá es mal, dolor, sufrimiento, castigo, muerte. Esto es aunque sea un hijo de Dios, si de pronto decide negar su fe, blasfemar contra Dios, desobedecer a Dios, dejar de hacer las cosas que agradan a Dios, entonces, no todas las cosas le ayudaran a bien.

Así que, cuando se es hijo de Dios, y se ama a Dios, todo lo que nos pasa, no importa si es doloroso, como una despedida injustificada del trabajo, la cancelación sin explicación de las visas que permiten residir legalmente en un país, o hasta la enfermedad y muerte de un ser querido, a la larga nos ayudara a bien. Dios tiene un plan perfecto para cada hijo suyo, y cuando uno aprende a creerlo, amarlo, y aceptar su palabra, todo lo que nos viene ayuda a bien. Debemos aceptar las cosas buenas y las cosas malas, (malas acá no quiere decir pecaminosas sino las cosas que pueden ser dolorosas, o diferentes a lo que yo deseaba que sucediera), porque Dios quien las manda o las permite, es bueno, y él nunca manda una cosa mala (pecaminosa o contra de su carácter) (Stg. 1:17).

Es por ello que tu y yo, independiente de lo que sea, si somos hijos de Dios y lo amamos, debemos creer en su Palabra, debemos aceptar Su Palabra como la santa y perfecta voluntad y jamás dudar, o cuestionarla, sino obedecerla con voluntad y fe. El rey Acab, no solo no la creyó, ni la aceptó sino que actuó en desobediencia e incredulidad, y término derrotado y muerto. No solo se enojo contra el profeta Micaias, y lo envió a la cárcel, sino que cuestiono la voluntad de Dios, la desobedeció, pecó, retó Su autoridad, Su decisión y terminó muerto.

La voluntad de Dios se cree, se acepta, y se obedece sin cuestionamiento. Esto no es lo más fácil, pero es lo más sabio, seguro y saludable. Esto requiere mucha fe, profundo contentamiento, y plena disposición por obedecer a Dios. Además, un concepto adecuado hacia la autoridad espiritual establecida por Dios. El profeta Micaias era el profeta de Dios, la autoridad espiritual puesta por Dios, y el rey Acab, por amor y respeto a Dios debía creer, aceptar y obedecer las palabras del profeta sin cuestionamiento y no enviarlo a la cárcel porque no dijo lo que él quería que dijera.

Amados, aceptemos lo que Dios nos ha mandado como su voluntad, y respetemos a quienes Dios ha puesto como autoridad para que nos digan su voluntad, y no nos enojemos solo porque no nos dicen lo que queremos que nos digan. La voluntad de Dios es agradable y perfecta, no falla, no se equivoca, al contrario es exacta y busca lo mejor para nosotros. No lograrás nada con cuestionar la voluntad de Dios porque no puedes hacer absolutamente nada para cambiarla, por tanto, lo mejor que puedes hacer es someterte alegremente a ella y te irá mejor.

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