Por qué la vida en la tierra no es justa

¿A cuántos de nosotros nos han amonestado de pequeños con la evidente verdad de que «la vida no es justa»? Es una lección difícil, pero todos la hemos aprendido, normalmente antes de los seis años. Como adultos, estamos rodeados de pruebas de que la vida no es justa. Hace siglos, el rey Salomón se dio cuenta de que la vida no es justa: «Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos» (Eclesiastés 9:11). No, la vida «bajo el sol» no es justa, lo que lleva a muchos a preguntarse: «¿Por qué no?».

Antes de dar algunas razones por las cuales la vida no es justa, probablemente deberíamos definir el término justo, ya que mucho depende de esa palabra. Algunas personas definen lo justo como «igual en todos los sentidos». Sin embargo, esto no es una imagen exacta de la equidad; no podemos equiparar «equidad» con «igualdad» o «congruencia». Algunas personas tienen el pelo rizado, lo que no es «justo» para las personas de pelo liso que desean tener rizos. Algunas personas poseen una habilidad natural para el atletismo, lo que no es «justo» para quienes tienen una mala coordinación muscular o una enfermedad cardíaca congénita. Algunas personas han heredado dinero a través de un negocio familiar, y eso no es «justo» para aquellos cuyos padres no eran empresarios. En cada uno de estos casos, la equidad no es realmente el tema. Dios, que es eminentemente justo, da dones diferentes a cada uno: «¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?». (Romanos 9:20). Nuestra responsabilidad es utilizar los dones que Dios nos ha dado y «contentarnos con lo que tenemos» (Hebreos 13:5).

La equidad, correctamente definida, es «estar libre de prejuicios, deshonestidad o injusticia». Ser equitativo es ser justo; es decir, «guiarse por la verdad, la razón y la justicia». Sean cuales sean nuestras circunstancias externas, siempre podemos optar por tratar a los demás con justicia y hacer así que la vida sea un poco más justa para quienes nos rodean.

La razón fundamental por la que la vida no es justa – es decir, la vida no está guiada por la verdad, la razón y la justicia – es que vivimos en un mundo pecador habitado por personas pecadoras. Cuando las personas son egoístas, impacientes o codiciosas, tienden a actuar de manera que se aseguren una ventaja para ellos mismos, sin pensar en los demás. Como resultado, se trata a la gente injustamente. Jesús contó la historia del juez injusto. Este juez «ni temía a Dios, ni respetaba a hombre» (Lucas 18:2). Sus decisiones no se basaban en la justicia ni en el interés de nadie, excepto el suyo propio. Era un juez inicuo, y Jesús lo llamó «injusto» (versículo 6). Cuando hay personas injustas en posiciones de poder, la vida es injusta para las multitudes.

Dios es justo, y siempre actúa de acuerdo con lo que es correcto (Deuteronomio 32:4; Apocalipsis 15:3; 16:7). Dios ha ordenado que Su pueblo también actúe con justicia (Levítico 19:36; Deuteronomio 25:15; Proverbios 21:3; Isaías 56:1), sin embargo, la gente no siempre obedece los mandatos de Dios. Él les da la libertad de desobedecer, si esa es su elección. Los que se rebelan contra Dios no buscan la justicia, y esa es una de las razones por las que la vida no es justa.

El salmista Asaf se ocupó de la injusticia de la vida cuando empezó a envidiar la «prosperidad» de los orgullosos y malvados (Salmo 73:3). Describe cómo los malvados parecen ser injustamente favorecidos:

«Porque no tienen congojas por su muerte,

Pues su vigor está entero.

No pasan trabajos como los otros mortales,

Ni son azotados como los demás hombres.

Por tanto, la soberbia los corona;

Se cubren de vestido de violencia.

Los ojos se les saltan de gordura;

Logran con creces los antojos del corazón.

Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;

Hablan con altanería…

Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas» (Salmo 73:4-12).

Cuando Asaf consideró su propio compromiso con la justicia, notó una singular falta de recompensa, y comenzó a dudar de que la vida pudiera ser justa:

«Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,

Y lavado mis manos en inocencia;

Pues he sido azotado todo el día,

Y castigado todas las mañanas. . . .

Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí. . . .

Se llenó de amargura mi alma,

Y en mi corazón sentía punzadas» (Salmo 73:13-14, 16, 21).

«La vida no es justa», admitía Asaf, y el hecho le molestaba. ¿Cómo es posible que los sinvergüenzas traidores y malvados puedan prosperar con toda clase de bendiciones materiales, mientras los piadosos sufren? Buena pregunta, especialmente si Dios está al mando. Pero entonces Asaf tuvo un cambio de perspectiva cuando «entró en el santuario de Dios» (Salmo 73:17). Con sus ojos en el Señor Soberano, Asaf pudo mirar más allá de este mundo temporal para captar una visión eterna:

«Comprendí el fin de ellos.

Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.

¡Cómo han sido asolados de repente!

Perecieron, se consumieron de terrores». (Salmo 73:17-19).

La conclusión de Asaf era que la prosperidad de los malvados, por injusta que sea, es sólo temporal; el juicio de los malvados será eterno. Por otro lado, el sufrimiento de los justos, también injusto, es sólo temporal; la recompensa de los justos también será eterna (cf. 2 Corintios 4:17).

El deseo de que la vida sea justa es algo bueno. Dios es justo, y «no hace acepción de personas» (Hechos 10:34), así que nuestro anhelo de justicia es un anhelo de uno de los atributos de Dios. También es bueno el amor a la justicia y el esfuerzo por establecer una experiencia más justa para todos: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Miqueas 6:8). Una visión equilibrada de la vida requiere el reconocimiento de que la vida no es justa, al menos en este mundo, junto con el compromiso de hacer lo correcto y una firme confianza en Dios, que un día hará que todas las cosas sean justas (Isaías 40:4).

Fuente: Got Questions

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